Edición: martes 13 de enero de 2026
CHAKRA RAÍZ: La Organización vence al tiempo
Redes sociales
instagram: @comunidad.chakraraiz
H.N: – Anita, contanos quién sos vos y qué es Chakra Raíz, para todos los que de entrada no conocen absolutamente nada ni escucharon o vieron en redes esta iniciativa de lucha que están sosteniendo como comunidad hace ya varios años.
A: – Mi nombre es Anahí. Soy integrante de la comunidad Chakra Raíz y mamá de tres niñes. La comunidad ChaKra Raíz, para quienes no conocen, es un barrio que surgió en 2015 por un grupo de personas que compartimos la necesidad habitacional como primera cuestión. Además, nos reunimos para compartir y conversar, ya que la necesidad habitacional es una problemática que ocurre en todo el país y en el mundo.
También nos planteamos cómo queríamos habitar y dónde queríamos habitar. Así surge el sueño de generar un espacio de comunidad donde criar a nuestros hijes de manera comunitaria.
El espacio que decidimos ocupar es un bosque nativo de dos hectáreas, muy pequeño, pero con un bosque nativo pampeano bien marcado, de caldenar, mucho molle, sombra de toro, especies bien nativas, que veíamos cómo a los alrededores se habían empezado a devastar para urbanizar, que es el modelo que se utiliza mayormente, lamentablemente. Pasan topadora, aplanan y cuadriculan, esto iba un poco en contra de la forma que nosotros pensábamos que debía ser.
Nuestra idea era habitar la tierra de manera diferente, respetando la diversidad del espacio. Así nace la idea de armar esta barriada, que además de solucionar el problema habitacional, también busca promover una forma sostenible de habitar. Optamos por la construcción en barro, que además de ser económica, es beneficiosa para la salud y el medio ambiente, y nos conecta con sabidurías que están dentro nuestro. Cualquiera puede hacer su propia casa.
Comenzamos construyendo un espacio comunitario que llamamos «Casa Madre», el primer espacio que se empezó a construir en el territorio. A partir de ahí, empezamos a construir nuestros pequeños espacios. La mayoría al principio estuvimos en carpas o en pequeños refugios, y en este espacio que nombramos como «Casa Madre», había personas encargadas que nos íbamos rotando a hacer la comida, tanto el almuerzo como la merienda para todo el resto de la comunidad, para que cada uno pudiera concentrarse en ir construyendo sus espacios personales.
Hoy en día, la comunidad cuenta con once espacios particulares y dos espacios comunitarios, uno de ellos es la «Casita de la luz» , que es el espacio que hemos podido hacer una bajada de luz eléctrica, el resto de las casitas tienen panel solar, y hay dos espacios en construcción individuales en este momento. Pero eso es más o menos cómo Chakra nace, y ese es el ideal que venimos llevando adelante, proteger el monte, habitándolo, es una reserva natural habitada, le llamamos nosotros, que además tenemos asamblea, las decisiones que se van tomando en la barriada, ya sea de actividades o cualquier decisión que vayamos tomando, lo hacemos en asamblea por consenso, y todo esto tiene que ver con una mirada distinta, con una forma diferente de habitar y de coexistir, no sólo entre los vínculos humanos, sino también con todo lo que nos rodea.
N.H: – ¿Qué es lo que los llevó a tomar esta iniciativa comunitaria y cómo transitan esta experiencia de vida en relación al proceso legal que vienen disputando?
A: – Bueno, un poco hablaba de eso, ¿no? De lo que nos lleva adelante a tomar estas decisiones. Esta cuestión de la dificultad, el tema de ocupar, básicamente es por una cuestión de que acceder a la tierra en este sistema capitalista salvaje en el que vivimos es muy difícil. La vivienda propia tiene alternativas, como la casita de barrio, que no es una respuesta inmediata. Por lo menos acá en la zona, muchas veces hay que estar diez o quince años esperando una casa de barrio. Acceder a la compra de un terreno y la construcción de una casa es algo casi impensado, porque estamos hablando de que es el mercado el que regula el sistema inmobiliario. Entonces, es muy difícil alquilar, acceder a la tierra y comprar materiales para la construcción.
Todo eso es algo que nos llevó un poco a esta decisión de decir «vamos a ocupar una tierra», porque no teníamos las condiciones económicas dadas para acceder de otra forma a un pedazo de tierra para habitar. La complejidad legal que atravesamos la vivimos casi desde el día uno, porque cuando decidimos ocupar esta tierra, lo primero que hicimos fue llamar a los medios e informar a la comunidad sobre lo que estaba ocurriendo. Estábamos asentándonos en este pequeño monte para construir una ecoaldea. Como lo hicimos público casi de inmediato, las autoridades se enteraron e iniciaron la primera acción legal, que fue un juicio penal.
En su primer momento, el juicio penal lo llevó adelante el IPAV, que es el Instituto Autárquico de la Vivienda, porque estas tierras le habían sido asignadas al instituto. La tierra estaba en estado de abandono; de hecho, se usaba como basural, había mucha basura en el espacio, no estaba alambrado ni había carteles. Ese juicio penal duró dos años y medio en proceso. Fuimos catorce imputados con causa de usurpación, y un tribunal colegiado terminó absolviéndonos a las catorce personas del delito de usurpación.
La carátula que llevó el juicio fue «usurpación en la clandestinidad», que claramente no se pudo demostrar que fuera así, porque nosotros no irrumpimos en el lugar, no tuvimos que romper ningún cerco, ni nada. Claramente, no había clandestinidad porque lo primero que hicimos fue llamar a los medios. Ese proceso fue largo y difícil, también porque ninguno de nosotros había atravesado una situación similar. Lo que yo creo que nos llevó a poder llevar adelante ese proceso judicial fue justamente que nos pudimos acompañar entre todas las personas que estábamos conformando esta comunidad. El apoyo mutuo en estas cuestiones legales fue super importante. Cuando termina el juicio penal, a las dos semanas más o menos, el IPAV le devuelve las tierras al municipio de Toay, y el municipio de Toay vuelve a tomar acciones legales, pero por la vía civil, con un pedido de desalojo. En el juicio penal también se pedía el desalojo. El tribunal penal no dio lugar al desalojo y nos absolvió en primera instancia. Luego, el juicio civil lo inició la municipalidad de Toay y también duró más o menos dos años y medio. Era un juicio sumarísimo, pero se extendió bastante tiempo, y en primera instancia tampoco dieron lugar al desalojo. Sin embargo, el municipio apeló a la sentencia en primera instancia, así que el caso quedó en cámara de apelaciones durante alrededor de dos años. La cámara de apelaciones dio lugar al desalojo. Nosotros apelamos al Tribunal Superior de Justicia, que tardó un año en declarar inadmisible el pedido por cuestiones técnicas del abogado. En realidad, consideramos que el Tribunal Superior no revisa el caso, sino que simplemente se limita a decir que por cuestiones técnicas no admite el pedido.
Ahora estamos con esto medio inminente y pedimos una apelación a la Corte Suprema de Justicia. Esto está en trámite y estamos a la espera de que se resuelva. El proceso legal ha sido largo y por momentos desgastante. A esto se suma que hace varios años estamos inscriptos en el ReNaBaP, que es el Registro Nacional de Barrios Populares. Esto comenzó en 2016 con un decreto y en 2018 se firmó la ley de Barrios Populares. Nosotros estamos registrados desde el decreto, incluso antes del juicio civil. Le pedimos a la justicia pampeana que no puede hacer caso omiso a una ley federal que suspende los juicios y procesos legales que puedan devenir en un desalojo en los Barrios Populares por un lapso de diez años, hasta 2035. La justicia pampeana no está actuando en pos de esta ley nacional, por eso apelamos a la Corte Suprema de Justicia.
N.H: – ¿Cómo están organizades, cuántas familias o integrantes son y cómo es esa convivencia comunitaria que en general la sociedad desconoce porque tenemos una forma muy atomizada de vincularnos en los territorios urbanos?
A: – Bueno, en la comunidad habitamos catorce adultos, quince niños, varios gatitos y perritos. La forma de organizarnos es por asamblea, y la asamblea va decidiendo. También tenemos acuerdos que hemos ido formando entre todos y que han ido mutando a lo largo de estos diez años, los hemos ido modificando en relación con lo que se va viviendo.
La verdad es que es una forma distinta de habitar y convivir, porque la niñez comparte muchísimo. Compartimos la crianza de nuestros hijos y nos organizamos con trabajo comunitario. Hacemos mingas todos los domingos en la chakra, que van rotando de una casa a otra. Hacemos un sorteo en asamblea y le toca a cada casita un domingo distinto para el trabajo comunitario en su casa. Vamos todos a trabajar a la casa de alguno de los integrantes de la comunidad para ayudar en la construcción o en ordenar un patio, lo que precise la casa.
Creo que compartir la construcción y el trabajo nos llevó a vincularnos de otra manera. Todos sabemos que hemos puesto las manos en la casita del otro para construirla, y eso lleva a que haya un cariño diferente, una visión del otro distinta. En las asambleas, nunca hemos usado la votación a mano alzada; siempre tomamos decisiones por consenso, lo cual es muy difícil. Trabajar por consenso tiene su complejidad, ya que muchas veces hay que ceder y dar tiempo, porque hay temas fáciles de decidir y otros que son complejos y llevan tiempo.
Todo esto nos lleva a crecer como personas individuales. Más allá de los desafíos que ha tenido la comunidad, como el tema del agua, la luz, las construcciones y la cuestión judicial, el trabajo más grande y valioso es el trabajo humano. Salir del ego y dar lugar a los objetivos mayores es algo que nos hace crecer como personas. Dentro de la comunidad, no hay homogeneidad; somos super diversos, con creencias y estilos de vida diferentes. Lograr articularnos y entendernos ha sido un desafío, pero lo venimos logrando, y eso nos hace sentir que vamos creciendo como personas y como compañeros.
N.H:: – ¿Qué te gustaría transmitir a los lectores de este medio y a la sociedad en relación a la lucha por el acceso a la tierra y a derechos humanos básicos en estos momentos de tanta crueldad dirigida hacia los sectores más vulnerados?
A: – Respecto al derecho al acceso a la tierra, creo que cuando no se puede cumplir con este derecho básico, el acceso a la tierra y a la vivienda digna, todo el resto de los derechos quedan relegados de alguna manera. Si uno no tiene un lugar donde proyectar la vida, es muy difícil llevar adelante el resto de los derechos, más en momentos en que los alquileres exceden los ingresos de las personas y llevan a un ritmo de vida no saludable.
Una cuestión importante es que el mercado regula el precio de la tierra y la vivienda, cuando en realidad, al ser un derecho básico universal contemplado en la Constitución, debería ser el Estado quien regule esos precios e implemente políticas públicas más amigables con los sectores más vulnerables. Deberían ser respuestas inmediatas a la urgencia habitacional, con bancos de tierra o políticas similares.
Como sociedad, deberíamos exigir que el acceso a la tierra y la vivienda sea una prioridad. A veces siento que queda en segundo plano. Tenemos muy incorporado que debemos dejar la vida para pagar un terreno o acceder a una vivienda, y eso no debería ser así, ya que está contemplado por ley.
Otra cuestión que ha surgido en charlas y foros es que cuando las personas no tienen recursos económicos para comprar un terreno, a menudo deciden ocupar espacios que no son los más apropiados para la vida, como zonas inundables o cerca de basurales. ¿Por qué nosotros y nuestros hijos tenemos que ocupar esos espacios? Merecemos vivir en lugares lindos y saludables.
Existe también el derecho al paisaje, que no se habla mucho pero está contemplado por ley. Creo que es importante decidir habitar un lugar que realmente queramos vivir y preservar. En Chacra, elegimos un lugar para habitar y preservar, y eso nos lleva a tener una conexión con ese lugar. Lo merecemos nosotros y nuestros hijes.
N.H: – ¿Cómo se autogestionan desde lo económico y cómo piensan hoy las estrategias de lucha en los entornos digitales siendo que la idea de comunidad en el ciberespacio parece ser la norma para existir en estos tiempos? ¿De qué otros espacios participan?
A: – Bueno, desde lo económico, como comunidad en la cuestión de autogestión, nosotros tenemos un aporte que hacemos cada uno de los adultos que habitamos la comunidad. Hacemos un aporte mensual a un fondo común para solventar los gastos propios de la comunidad. Después, en lo individual, hay diversidad: hay trabajadores, artesanos, personas que trabajamos de manera independiente, maestros… hay de todo un poco.
En lo colectivo, tenemos ese fondo común para los gastos. También hacemos rifas, escabeches para vender, eventos… Vamos generando ingresos cuando hay gastos mayores, como la colocación del molino, la perforación, la bajada de luz, cosas que requieren dinero extra. Recientemente cambiamos uno de los tanques grandes de reserva del molino, y esos gastos los vamos solventando de esa manera.
Con respecto a las luchas y los medios digitales, intentamos estar activos en las redes sociales para darnos a conocer y llevar nuestra propuesta a otras personas. Sentimos que es una herramienta útil para generar intercambios interesantes y conocer a otras personas que están en situaciones similares. También la utilizamos para difundir eventos y rifas que organizamos en la comunidad.
Creo que las redes sociales son una herramienta que puede ser muy útil si se sabe utilizar. Al igual que un martillo puede servir para construir una casa o para hacer daño, las redes pueden ser una herramienta positiva o negativa dependiendo de cómo se use.
Además de las redes sociales, participamos en otros espacios como la feria de alimentación sana en Santa Rosa, que es un espacio de lucha y resistencia. También articulamos con otros espacios como el desayunador de Villa Germinal, que lleva 23 años de trabajo comunitario. Hemos participado en las reuniones de Mesas Nacionales de Barrios Populares y hemos hecho intercambios con otros espacios similares.Creo que es importante compartir experiencias y aprendizajes con otros. Siempre es enriquecedor poder compartir lo que uno ha aprendido y tomar los aprendizajes de otros.
Esta entrevista está redactada en memoria a Chimenea Sol Chispeante.
Te recordaremos siempre por tus fortalezas y convicciones.
Jimena Sol, siempre presente en nuestros corazones.

